

Estamos vacíos. O, mejor, estamos llenos de algo que ni siquiera nosotros podemos pensar sin vernos poseídos por la náusea. Una sustancia turbia, viscosa y corrosiva, capaz de carcomernos las entrañas y obligarnos a cometer los actos más humillantes y someternos a las distintas e infinitas formas del autoflagelo. Ahí es cuando desearíamos ser magos. Prestidigitadores de lo desconocido, transformadores de lo conocido en diferente, precioso, brillante. Pero la impotencia ante la ineficacia de la práctica amateur de la hechicería (uno nunca sabe), hace virar hacia la búsqueda externa. La necesidad de creer en algo, algo poderoso, ubicuo, eterno e infinito. Los dogmas, las filosofías paupérrimas, simplistas, las religiones arcaicas, los fundamentalismos obsoletos: no. La contradicción profunda entre el único principio aferrado, el de no caer bajo el dominio de los principios impostados, hace imposible ver en todas esas opciones una salida real.
Hay una Biblia que también narra una ficción pero que representa un concepto factible y tangible y, por eso, es más poderosa, ubicua, eterna e infinita. La Biblia de Vox Dei o el camino de iniciación hacia la verdadera religión universal.
*En Grooveshark se hace evidente la confusión histórica entre "Libros sapienciales" y "Profecías" (por una mala impresión de la versión original de 1971), por eso la real no está cargada.

Autor: Yamila Trautman

Litto Nebbia y Los Reyes del Falsete: por amor a la música
Los temas de la semana (y ganadores)
Eruca Sativa: "Hay que seguir adelante"
