
La canción empieza con percusión y efectos tambaleantes antes de pasar de un desenfrenado ritmo de soca (el calipso soul) a un funk lúgubre, y luego a lo que parece una versión borracha de un son cubano. Las letras están en catalán. El cantante es japonés. Sí, es Deerhoof. "Qui Dorm, Només Somia", el primer tema del décimo disco de estudio de los art-punks de San Francisco, es típico del desorden de atención del que sufre la banda, y pasa en décimas de segundos de la calma a la exaltación, saltando de un género a otro y de un ritmo a otro, mientras Satomi Matsuzaki canta sobre melodías lustrosas con una rara vocecita infantil. Deerhoof vs. Evil no inventa nada nuevo; "The Merry Barracks" y "C'moon" ostentan la mezcla, tan característica de la banda, de disonancia y melodías pop, con letras surrealistas que pueden resultar estrafalarias de manera demasiado autoconsciente. Pero en canciones como "Hey I Can", aparece un utopismo sesentista en esa movida mezcla musical de Deerhoof. "Amor, amor, amor, amor", canta Matsuzaki. "Diversión, diversión, diversión, diversión".
Por Jody Rosen
