
A los 71 años, Dr. John hace décadas que divide su tiempo entre sus responsabilidades como embajador cultural y sus shows en clubes nocturnos. Nacido y criado en Nueva Orleáns, recorrió muchas millas durante su carrera, y pasó temporadas en Nueva York y Los Angeles antes de asentarse de nuevo en su ciudad natal. Mezcló estilos como quien mezcla un mazo de cartas, como lo sabe cualquiera que haya escuchado el extravagante R&B de Gris-Gris (1968), o de The Sun, Moon & Herbs (1971). Es a ese jazz funk vudú de sus primeros discos a lo que Malcolm John Rebennack Jr., tal es su verdadero nombre, vuelve en Locked Down, una colaboración con Dan Auerbach de los Black Keys, que produce y toca la guitarra. Lleno de grooves musculosos y clásicos de R&B, solos febriles y galimatías oraculares, es el disco más salvaje de Rebennack en muchos años. Y marca el advenimiento de Auerbach, que se le suma a Danger Mouse en la lista de científicos retro-modernos del estudio de grabación. En Locked Down, Dr. John mete pianos eléctricos por todas partes; el solo de Farfisa en "Revolution" es una maravilla rechinante; y el riff repetido de "Getaway" es un motor groovero feroz. Mientras, Auerbach comparte responsabilidades guitarrísticas con el veterano de garage Brian Olive; los dos son la columna vertebral rítmica de "Revolution", que tiene una onda Stax/Volt; arman un contrapunto deslumbrante en "Big Shot"; y Auerbach hace un solo pirotécnico en la canción que da título al disco. Hay coros fantasmagóricos en "Big Shot", que parece una zapada entre Tom Waits y Gnarls Barkley. El disco está lleno de efectos dub-reggae y grooves del afrobeat nigeriano y el funk etíope, estilos muy populares entre las nuevas generaciones (Tune-Yards, TV on the Radio...). El pastiche tiene una sensibilidad del siglo XXI: un ejercicio retro que mira hacia el futuro, hecho por un veterano mañoso y un pibe joven que, mientras hacían un gran disco, probablemente hayan aprendido un par de cosas el uno del otro.
Por Will Hermes
