
Adrián Otero fue, hasta hace muy pocos y desdichados días, un querido compañero y amigo; un camarada. Los músicos somos como marinos, marineros, soldados, y en el mejor de los sentidos también (como) ladrones o mercenarios ... Nos encontramos alguna vez, algunas veces ... Porque compartimos un momento, una sala de ensayo, una grabación o la respetable "señora noche" ... Será entonces un fuerte nudo marinero el que nos mantenga compañeros para siempre, para siempre amigos. Ví a La Blusera en aquel festival en la canchita de Estudiantes de Buenos Aires; también estaban Riff, Baglietto, Sumo con la baterista y "nosotros" con Billy Caderas, Black, Semilla, Vargas y Gringui; según recuerdo los Memphis se comieron la cancha, justamente, con su boogie y su blues cadencioso...
El Ruso con su imponente Telecaster, sentó raices en Floresta. Me gustaba sentarme entre dos amplificadores y escuchar ensayos enteros de La Blusera en Ravignani. Estábamos a punto de grabar un disco grande, habíamos ensayado con, el espléndido Gabriel Carámbula en lead guitarras, y conmigo como director del cotarro; productor y guitarrista rítmico. Apenas días antes de arrancar la grabación, una nueva monarquía discográfica, suspendieron por tiempo indefinido la grabación, devolvieron el contrato al grupo, y tocamos en el Fénix de Flores; aquello ardía y los adoradores de La Bluserra lo rompieron todo... Después grabaron parte de ese repertorio en Trípoli [Memphis La Blusera, 1990] y fue un éxito conmovedor, porque los chicos llenaban teatros y se respiraba Belle Epoque ... Claro que Memphis, y el talento de Adrián, habían sentado cátedra de sí mismos en aquel disco, de "Blues de las seis y treinta" y "Moscato, Pizza y Fainá" ...
Hablábamos mucho con Adrián, que era leído y viajado, un hombre de barrio y de mundo, refinado pero fiel a los adoquines. El vacío que deja un músico, un artista ... un creador. Es conmovedor ver cómo se extingue nuestra generación. Vamos y venimos del día y de la noche, todos intentamos plantar árboles y escribir libros ... Pero servimos para otra cosa ... Pero servimos a otra cosa. A veces solamente para escribir las canciones que nos van a emocionar, y alegrar, siempre. Como aquellos blues tangueros, con olor a barrio ... con texto porteño ... Ahí, pues, mi compromiso con la memoria de los amigos ausentes. Los Rockeros. O como prefiera usted escribirlo. El Bohemio. Se vive rockero y se muere rockero. Viva el texto cotidiano y auténtico, el fraseo de varón, las damajuanas de vino que regaron el blues de la sala de ensayo. Me cago en Dios.
Por Andrés Calamaro
