
George r. r. martin, el bajito y rechoncho autor de Canción de hielo y fuego, la saga épica de novelas fantásticas en las que está basada Game of Thrones, la serie de HBO, abre su oficina en Santa Fe, Nuevo México. En las paredes están colgados los originales de las portadas de sus libros, en las que se ven valientes espadachines y brillantes superhéroes. Los cuartos están decorados con vitrinas en las que hay cientos de caballeros en miniatura y otros figurines pintados en formación de combate. Hace unos pocos años, el escritor nacido en Nueva Jersey compró la casa de enfrente a la suya y la transformó en su lugar de trabajo, incluyendo en la reforma vitrales y una torre ocupada por una biblioteca, aunque la municipalidad no le dejó construir más de dos pisos. A los 63, Martin tiene el entusiasmo de un nerd adolescente y el aire distraído de un hechicero agotado. Publicado el año pasado, Danza de dragones, el quinto libro de una serie de siete volúmenes, se ha mantenido por 39 semanas en la lista de best-sellers de The New York Times, y los fans esperan con impaciencia la aparición de la nueva entrega. "Empecé a escribir estos libros en 1991", dice Martin. "Envejecí mucho desde entonces, pero los personajes sólo han envejecido dos o tres años."
¿Por qué al principio de la serie casi no hay magia?
Me encanta el género fantástico, pero también me encanta la ficción histórica. Quería hacer una fusión entre algunas de las mejores virtudes de ambos géneros, y eso exige dosificar el elemento mágico. Tengo el mayor de los respetos por Tolkien y, si te fijás, en El señor de los anillos Gandalf no lanza rayos de los dedos. Si aparece todo el tiempo, la magia pierde su magia.
En tus libros hay elementos de terror: los lectores tienen la sensación constante de que cualquier personaje puede morir en cualquier momento.
Quería dar la sensación de que nadie puede sentirse a salvo, porque es un relato de guerra. Yo fui objetor de conciencia: no fui a la guerra, pero tengo amigos que fueron a Vietnam y que me contaron sus experiencias. Algo que tomé de esos relatos es que en Vietnam no importaba si eras el mejor tirador o el que más flexiones de brazos hacía. A cualquiera lo podían matar en cualquier momento.
¿En quién está inspirado Tyrion Lannister, el enano maquiavélico?
En 1981 escribí un libro con Lisa Tuttle que se llama Windhaven, y en un párrafo que después desechamos, uno de los personajes habla sobre su visita a una isla lejana y dice: "Hay un enano que es el tipo más feo que conocí en mi vida, pero también el más inteligente". Por algún motivo, eso se me quedó grabado, y cuando empecé a escribir Game of Thrones apareció. Y terminó por convertirse en uno de los personajes más importantes de la serie, de los que conducen la trama.
Tyrion y Daenerys son dos de los personajes más ricos de la serie.
Bueno, son dos de los más queridos, aunque creo que los más universalmente queridos son Jon Snow y Arya. Todos los personajes tienen sus admiradores; también sus detractores, lo cual yo considero un gran elogio. Si inventás un personaje de ficción y a todo el mundo le cae bien ese personaje, o le cae mal, más que un personaje inventaste un pedazo de cartón pintado.
¿Te imaginabas el éxito de Game of Thrones, la serie de televisión?
Casi podría decirte que escribí mis libros con la idea de que no podrían filmarse. Yo venía de una década en Hollywood, y todo el mundo me decía que mis guiones estaban buenísimos pero que eran demasiado caros. Entonces escribí las novelas con toda la grandilocuencia que mi imaginación fue capaz de concebir. Ahora, David Benioff y Dan Weiss [los creadores de la serie de HBO] son los que tienen los dolores de cabeza, no yo.
¿Cuánto tenés escrito del próximo libro de la saga, The Winds of Winter?
No tanto como quisiera. Va a ser otro libro de 1500 páginas, y debo tener escritas unas 200. Así que me falta mucho todavía.
¿Tenés algún método para la escritura?
En mis mejores días, que no son muy habituales, pierdo noción del tiempo y del espacio. Me siento a la mañana y de repente miro por la ventana y está oscuro y me duele la espalda. A veces pienso cuál es el propósito de la literatura, y cómo lo que recordamos se vuelve parte de nuestras vidas. Es indudable que viví todos los días de mi infancia, pero la mayoría de esos recuerdos se han borrado. Cuando era chico, en Bayonne, mi mundo tenía una extensión de cinco cuadras. Pero mi imaginación deseaba un mundo mucho más grande. Así que me gustaba leer sobre planetas lejanos, la Roma Antigua, Shanghai y Ciudad Gótica.
¿Y eso te hizo mejor escritor?
Nunca vi la luz verde al final del muelle de Daisy ni las fiestas en el jardín de Gatsby, pero las recuerdo con más intensidad que cosas que sí viví. Si somos la suma de nuestras experiencias, como creo que somos, pienso que los libros son una parte más importante de mi vida que mi propia vida. Eso es lo que intento hacer con mi literatura: llenarla de gente imaginaria que a mis lectores le parecerá más real que la que conocen realmente.
Por Gavin Edwards
