
Siempre han habido dos John Mayer. por un lado, John el músico, el neo-James Taylor de "Daughters" y "No Such Thing", y el omnívoro guitarrista de blues que es capaz de tocar con Jay-Z y hacer un cover de "Sweet Child o' Mine". Por el otro, John el chabón, que se la pasa hablando de más en los programas de chismes dejando a su paso un reguero de ex novias famosas. Por lo general, separa meticulosamente su música de su escandaloso personaje público. Pero en su quinto disco los obliga a sentarse a charlar y resolver sus diferencias. En Born and Raised Mayer se pone confesional y por momentos parece escarmentado, a veces de manera afectada. "Es una mierda ser honesto, y duele ser auténtico", canta en "Shadow Days".
Mayer, que en los últimos años dejó Twitter, sufrió el divorcio de sus padres y se mudó a una casa en Montana, dice que quiere que Born and Raised evoque la imagen de un vaquero errante sentado en el medio de la llanura, rasgueando su guitarra junto al fuego. Lo cual es efectivamente así, si nos imaginamos que lo que alimenta ese fuego son discos viejos de Crosby, Still, Nash & Young y los Allman Brothers. (De hecho, David Crosby y Graham Nash colaboran con armonías en "Born and Raised", una oda a la conciencia de sí ganada laboriosamente.) En "Queen of California", Mayer establece el tono amigablemente introspectivo del disco: "Buscando la canción que Neil Young tarareaba después de la fiebre del oro de 1971", canta, enfilando su caballo hacia el Laurel Canyon de la mente. El cambio estilístico y el tono de confesión hacen del disco uno de los más convincentes de la carrera de Mayer. Grabó la mayor parte de éste con Don Was como productor, antes de que lo operaran de la garganta el año pasado, de modo que en su voz acolchada se percibe un dejo de reseca vulnerabilidad. Como siempre, su estilo es contenido y elegante; es un cantautor con alma de sesionista.
Por supuesto, éste no sería un disco de John Mayer si no hubiera una balada conmovedora que intentara traducir el espíritu de la época en una canción. La efusión orquestal de "Age of Worry" nos aconseja que "nos amiguemos con lo que somos". Pero el punto más emotivo del disco es "Love Is a Verb", un lento al estilo de "Wonderful Tonight". Es un momento de encuentro entre los dos John, un poco sensiblero, un poco sórdido. Con una mano en el corazón y la otra en tu entrepierna, listo para ir a fondo como él sólo es capaz.
Por Jon Dolan
