rollingstone.com.ar

Residente

La voz de Calle 13 recorrió el mundo para grabar su primer disco solista

Por Diego Mancusi



La última idea de René es pura contradicción: para encontrarse con lo más íntimo y profundo de su ser, salió a recorrer el mundo. Durante los últimos dos años, Residente fue -paradójicamente- visitante. Partió de su Puerto Rico natal y pasó por Rusia, Armenia, Georgia, China, Ghana, Níger, Serbia, Inglaterra y más, siguiendo el dictado de su ADN. El rastro de sus ancestros se volvió canción y experiencia. Colaboró con músicos de todo el planeta y acumuló historias. Y todo terminó plasmado en un sitio web (residente.com), un documental, un libro y un disco. El primer adelanto musical, "Somos anormales", lo muestra rescatando lo primitivo y renegando de las bellezas estandarizadas. En camino a Washington para participar de una manifestación en defensa del preso político puertorriqueño Oscar López, el frontman de Calle 13 le da pelea a las fórmulas.

Empezaste a recorrer tu ADN por Siberia. ¿Cómo se construyó "Somos anormales"?

En ese sencillo todos los sonidos son reales, grabados en Tuva, un distrito fronterizo con Mongolia. Ahí se usa el throat singing, con el que se tiran dos tonos al mismo tiempo, uno agudo y uno bajo. Los instrumentos, en su mayoría son de dos cuerdas. Está Omar Rodríguez-López de Mars Volta también al final, tocando la guitarra. Y toda la música es original. Algunas cosas se grabaron en un pequeño estudio improvisado ahí, donde conviví con los músicos. Algunos de ellos eran cazadores. Estuve viviendo con ellos unas dos semanas.

En proyectos como estos siempre está el riesgo de ser "turista", de ofrecer una versión occidentalizada de las músicas regionales. ¿Cómo lo evitaste?

Quedándome allí con ellos. Además de quedarnos en el bosque una noche escuchando los lobos, para entablar amistad y que haya buena energía también nos quedamos en unas carpas redondas que también se usaban en Mongolia. Yo no estuve enseñando eso en el documental porque me pareció innecesario, por eso que dices del turismo. Y lo otro que quita esa cosa turística es el ADN, que es una razón súper válida a la hora de hacer música. Como que no fuiste meramente por ir, sino en busca de mi huella genética. Eso le da un concepto adicional y otra razón para visitar estos lugares. En el documental hablo de como yo tomaba leche pero no me gustaba y mi mamá le echaba chocolate, después un poquito menos, después menos, hasta que me tomaba la leche sin el chocolate. Así tu agarras la música de ellos y lo haces accesible al público de acá, para que lo entienda todo el mundo y que le llegue un poco del canto de allá.

¿Cuánto aumentó tu paleta sonora el estar en contacto con la música oriental?

Un montón. Aprendí mucho. Yo siempre escuché música variada y conocía la música de allá. Y además un 7% de mi sangre viene de allí, y de seguro la tuya también, porque los siberianos son los que cruzan el Estrecho de Bering para poblar América. Pero por ejemplo a China yo nunca había ido, y fui y aprendí sobre la instrumentación, la música y el contexto social por el que están pasando. En Siberia yo creía que eran parte de Rusia pero ellos se sienten tuvanos, tienen su himno y su idioma, es una república. En África también aprendí: estilísticamente, lo que pasa allí es muy parecido a lo que pasa en el Caribe. Pero hasta que no lo vi de frente no lo entendí. Además, como fui con un equipo pequeño tuve la oportunidad de quedarme con la gente y vivir por un corto tiempo dentro de su realidad.

¿Cuánto se aleja este proyecto de lo que te conocemos con Calle 13?

Se aleja lo mismo que se ha alejado cada uno de los discos de Calle 13 del anterior. Todos han marcado una evolución. De la misma manera esto marca una evolución en cuanto a música, ideas, letras, concepto. Algo que está chévere de esto es que está el concepto claro del ADN, y eso en los otros discos no había pasado. Se veía venir lo que llegó ahora: un concepto sólido que atraviesa cada tema.

En el video de "Somos anormales" hay dos defensas: a lo esencial y primitivo y a la desestandarización de la belleza. ¿Qué te llevó a abordar esos temas?

Ya que el proyecto habla del ADN y estoy contando una historia en la medida que voy sacando los temas, en el primero quise hablar sobre la evolución de la humanidad, cómo nació. Todos vinimos de África, con rasgos distintos, le arrancamos la piel a los animales, nos peleamos por una estupidez, nos dividimos en limpios y sucios para al final pelearnos y embarrarnos todos en el mismo lodo y desde ahí reproducirnos. Esa era la idea básica.

¿Sos consciente de que mientras expandés tu mundo musical la industria te pide fórmulas?

Soy consciente, lo sufro todos los días, je. Todo es más difícil. De verdad que si no tuviese la oportunidad de pasar por este proceso creativo, no estaría haciendo esto, te lo juro por mi mamá. Lo hago porque me divierte el proceso y hacer algo nuevo es un reto. Yo necesito sentir que estoy haciendo personal. Pero una de las cosas que escribí en mi página es que por más interesante que sea lo que uno hace, nunca debería dejar de ser accesible. Es bien fácil hacerse el cool.

Conectar con la gente también es un mérito...

Imagínate. En la escuela de arte donde estudié había un montón así. Estaban los artistas conceptuales que escupían en la pared y le ponían un título. Y estaban los que también hacía arte conceptual y eran súper ingeniosos. Muchos artistas no lo hacen simplemente porque no son creativos.

De la misma forma un mensaje se puede volver una fórmula, un slogan. A vos, por ejemplo, se te criticó por lo de "Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas". ¿Cómo evitás esas reacciones?

No sé de qué manera se me criticó con lo de usar Adidas. Más bien malinterpretaron la oración. Yo no subestimo al público, yo escribo y dejo que ellos interpreten. El caso de Adidas era precisamente eso: es evidente que formamos parte de un sistema globalizado y no se puede estar en contra de todo. Tienes que buscar la manera de darle la vuelta a eso. Asumir que estás usando una marca y ver cómo tú la usas a tu favor. No se puede estar en contra de todas las cosas todo el tiempo. Esa era la conversación que yo estaba tratando de entablar ahí. No se puede evitar: la gente quiere catalogar, etiquetar. Es algo de lo que uno no tiene control. Uno puede ser súper honesto pero la gente va a querer catalogarte. Y lo que estoy haciendo ahora es de las cosas más difíciles de etiquetar.

COMPARTILO
 Notas mas leidas
PUBLICIDAD
Revista Rollingstone