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'The Young Pope': un papa sexy y despiadado revoluciona la Iglesia

Jude Law es el Tony Soprano del Vaticano en el nuevo éxito surrealista de Paolo Sorrentino

 
Como el aterrador Pío XIII, Law revive su carrera. Foto: Gianni Fiorito / Gentileza HBO

Es hot, es sexy y es el nuevo Papa. Jude Law es brillantemente ridículo en The Young Pope, la excelente serie de HBO, en la que el actor toma el Vaticano en el papel de un Pío XIII megalomaníaco. Es el primer pontífice nacido en Estados Unidos, un tipo de Brooklyn llamado Lenny Belardo. El Colegio Cardenalicio lo elige por capricho; piensan que va a ser ingenuo, fotogénico, fácil de controlar. Están equivocados.

El Papa Pío resulta ser un fanático despiadado que habla como un mafioso, bromeando: "La cortesía y los buenos modales no son asuntos de los hombres de Dios". Se pavonea como una estrella de rock y logra sonar como Gene Simmons incluso cuando está citando a San Ignacio de Antioquía. Pero gobierna a través del miedo y el secreto, negándose a mostrar su rostro en público, dando sermones sólo de noche. En un gran momento, se para en el balcón de la Plaza de San Pedro, oculto en la oscuridad, y les dispara a los fieles: "¡No sé si ustedes me merecen!".



La serie -que en Argentina se estrena el 12 de marzo en Fox Premium- proviene del escritor Paolo Sorrentino (La gran belleza), ganador de un Oscar, quien claramente aprendió teología con videos viejos de Madonna (esperen un montón de sotanas rojas ondulándose y un ambiente gótico). Pero Jude Law tiene el toque siniestro para volverlo un thriller genuinamente malévolo. El Papa Pío es un santo terrorífico que fuma, insulta, pide Coca Zero con gusto a cereza de desayuno, tiene un canguro como mascota en el Vaticano y escucha vinilos en el tocadiscos papal. Todo un hipster que hasta les grita a unos subordinados del Vaticano por no saber quién es Daft Punk. Es el antiguo arzobispo de Nueva York, criado en un orfanato por la Hermana María, una monja con mucha calle representada por Diane Keaton, a quien lleva a Roma como consejera. (Keaton duerme con una remera que dice "Soy virgen, pero esta remera es vieja", lo que te da una idea de las sutilezas de The Young Pope.)

En manos menos hábiles, The Young Pope podría haber sido un programa con estilo pero vacío, un mero generador de buenos memes. Pero Jude Law hace que todo funcione. Con su mirada inexpresiva y aterradora, nació para hacer de psicópatas carismáticos. Como estrella de cine, parecía acabado hace años. Pero The Young Pope le da un regreso digno del propio Judas, patrono de las causas perdidas. Finalmente, encontró su vocación: hacer de un mafioso que tiene a Dios de su lado. Recemos.

Peter Travers

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