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Richard Coleman

El guitarrista habla de la influencia de David Bowie en su nuevo disco

Por Oscar Jalil

 
Coleman se unió al productor Juan Blas Caballero para su nuevo disco solista. Foto: Germán Sáez

"Quería volver un poco al groove. Es una sensación que recuperé hace unos años", dice Richard Coleman. A pocos días del lanzamiento de F-A-C-I-L, su nuevo disco, el guitarrista descansa en algo parecido a una tierra media entre la ansiedad de la obra terminada y la espera hacia la gran exposición. A seis años de su debut solista con Siberia Country Club, en F-A-C-I-L Coleman mejora todos los descubrimientos de estos años solistas, y apuesta por un sonido de alto impacto que exhibe buena parte de la educación musical del músico: David Bowie, kraut-rock y el funk blanco y nervioso de Talking Heads son pistas posibles de una tentadora apropiación en tiempo presente. "Uso mucho transporte público, siempre con el Ipod clavado, y cada vez que escuchaba los primeros discos de Talking Heads, me encontraba solo moviendo la patita y diciendo: 'Yo quiero esto, quiero que pase esto'."

Además de la influencia de Talking Heads, en los agradecimientos de F-A-C-I-L le dedicás el disco a David Bowie. ¿El gesto funciona como una declaración de principios?

Eso fue al final, cuando ya tenía todo el paquete armado y caí en la cuenta que en varios momentos me apoyé en la influencia. Una influencia que nunca desconocí, pero nunca la reconocí tanto como en este disco. Hay mucho de eso, deliberado por momentos pero muchas veces de un modo inconsciente. Cuando falleció Bowie, lloré todo el día, me puse muy triste... Entonces fue como un reconocimiento, dar un poquito desde el corazón a un artista que me dio mucho.

¿Cómo surgió la decisión de trabajar con Juan Blas Caballero, un productor con una importante aura mainstream?

Con Juan Blas hice un trabajo hace algunos años. El me llamó para una grabación de un demo que estaba haciendo con una banda nueva llamada La Culpa, a ellos les gustaba mucho el sonido de Fricción, y Juan Blas, de pragmático, les dijo: "¡Esperá que lo llamo!"

¿Vos ya lo conocías?

No, no lo conocía, había escuchado su nombre. Así que fui, grabé y me gustó la interacción con él, el audio que salía de su estudio y realmente cómo había embellecido la canción de los chicos. En 2015 me acerqué a Juan Blas, le llevé un paquetito con las canciones y le dije estoy buscando un desarrollo distinto de la música. Para mí el audio es un elemento expresivo muy importante. Siempre lo fue y quiero que esta vez se note. Es como un instrumento más, porque soy un convencido de que el audio es la transferencia emotiva.

¿Cómo se explica esa idea llevada a tu nuevo disco?

Estaba buscando canciones con un desarrollo por ahí más complejo que las que venía haciendo y que también tuvieran una canción dentro de otra. Eso me costó mucho explicárselo, pero más o menos lo fue entendiendo y en un momento la agarró.

"¡Simpático!", el primer corte de difusión, tiene las guitarras más crudas del disco y una letra supuestamente amable. ¿Qué significado tiene la canción?

Está dicho todo a los gritos pero con una sonrisa. Hoy la realidad es muy agresiva, hay mucha agresión en el ambiente. Por eso la letra está alejada de la ironía. Cito al dadaísmo en un punto porque es un lindo lugar donde apoyarse a veces. Para mí, los manifiestos de Tristán Tzara son fundamentales, era una cosa tan incomprensible cuando era adolescente que me fascinaba, y sigo abrevando en eso a veces cuando necesito desestructurarme. "¡Simpático!" de alguna manera es también lo que significa el rock para mí, porque es el rock del disco. En un momento tenía todo el material compuesto y sentía que me faltaba un rock. Es el mascarón de proa, el rompehielos del disco, por eso es el adelanto, porque es un tema que no es ni muy diferente a lo que he hecho toda mi vida, pero sí es distinto. Está ahí para poner un poquito más resbalosa la entrada a F-A-C-I-L.

Entre los invitados del disco aparece Andrés Calamaro. ¿Cómo surgió trabajar con él después de tantos años?

Fue una feliz idea de Juan, que algo de la tónica de la letra lo remitió a Andrés y me dijo: "¿Por qué no lo llamamos?". Pensá que nos conocimos hace más de treinta años y trabajamos juntos apenas nos encontramos y después no volvimos a hacer nunca más nada juntos. Una parte de la letra de "Días futuros" dice: "cada momento es una prueba cuando el pasado es la condena", que para mí la tenía que cantar Andrés y quedó muy bien. "Días futuros" también es el título de uno de los discos que más me gustan de Can.

La foto de tapa, con una lata de pate y un viejo abrelatas junto al título deletreado del disco parece invocar algunos sentidos y símbolos del rock. ¿Cuáles son esas ideas?

Está escrito así para hacértelo difícil, porque nada es fácil, y si es fácil no tiene sustancia. También es un homenaje al kraut-rock, hay mucho de rock alemán en el disco. La lata está relacionada a la música enlatada, en una época se decía eso, se hablaba con desprecio de la música enlatada porque era la música comercial. Me interesaba poner en la tapa una especie de síntesis o alguna contradicción perversa (risas). La música es como una lata, pero te pueden pasar muchas cosas hasta que llegás a abrirla: podes salir herido. Así que de eso se trata el disco, la música está ahí adentro y una vez que entrás no sabés cómo salís. Ojalá la gente siga escuchando el álbum como una obra completa.

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