

Buscate al nene que se sube al bondi con la cara embadurnada de una pasta homogénea de caramelo, mugre y moco, se para en el medio del pasillo y grita en loop MAMÁ COMPRAME MAMÁ POR FAVOR MAMÁ con voz de cantante de black metal noruego durante la hora y media que dura tu viaje entre Colegiales y Wilde y, en vez de hacerle una caricita y pedirle que afloje un toque, dale un megáfono. Eso fue lo que representó la llegada de Twitter para el universo rockstarista: un Marshall que llega hasta 11 para el overflow de tribuneo y pelotudez que antes circulaba unplugged.
La vida de la estrella antes tenía una falla: no podía recibir la veneración de las masas en momentos de intimidad, como cuando se hacía un sambuche en la cocina, cuando se cortaba las uñas de las patas o cuando se repantigaba en el sofá tras una extenuante sesión de ingesta de sambuche y cortada de uñas de patas. Ahora Twitter se lo soluciona: el rockstar cambió Chuck Berry por Blackberry y su narcisismo se mantiene a tope las 24 horas del día. Porque todos sabemos cuán necesario -casi imprescindible para la vida, diríamos- es saber que un pibe de 15 te banca y piensa que sos un capo a las 3 de la mañana de un martes. Seguro que a Tom Waits le pasa lo mismo.
Claro que de la misma forma en la que el rockero se expone a la sobada de lomo, también queda desguarnecido ante la puteada y el trolleo anónimos, hechos que en la Era de Piedra (o sea: antes de Twitter) sólo se producían si el músico salía de su casa con una estola de pelo púbico de bisonte y justo pasaba un camionero y le gritaba "puto, puuuto", pero si no, no. Cosa que la complica un montón, porque también todos sabemos cuán doloroso y nocivo es que otro nene de 15 conocido como @chuli_ricotero27 te diga que tu disco anterior era mejor que éste y luego banque grosso a Cristian U. Esas cosas no son moco de pavo, deberían estar contempladas en el código penal.
Por todo esto, procederemos ahora a enlistar a cinco tipologías de rockeros en Twitter, a efectos de que elijas una y te apegues a ella, si no querés ser un paria en tu alocada carrera hacia el rockstarismo. A saber.
EL RANTEADOR: Herido mortalmente por decenas de miles de trolls que sienten que picarlo es como pescar con arpón en una palangana, el rockstar ranteador se valdrá del microblogging para despotricar contra todo aquel que, básicamente, no sea él. El yeite tradicional es decir cuán nimia te parece la opinión de un tuitero sin pergaminos ni pinet para criticarte, para luego proceder a escribir La guerra y la paz en pequeñas cuotas de 140 caracteres defendiéndote de dicha puteada irrelevante. Al rockstar ranteador le sacan la Blackberry de la mano cuando empieza a echar espuma por la boca.
EL LINKEADOR: Convencido de que su capricho es ley, el muchacho pasa 22 horas por día buscando la música que dice que le gusta en YouTube y subiendo links a su cuenta. Así, te inunda el timeline de videos de Can, Van der Graaf Generator y la última bandita ignota de Noruega, que apenas tiene dos ensayos. Después va y graba "oh cariño, corazón, me gustas tanto como el rocanrol", pero todo no se puede.
EL POETA: Picado de querusa por el jején arjonesco, el rockstar poetuitero es un dispenser de frases matadoras con la manijita rota. "Noche de vino dulce y recuerdos amargos", puede tuitiar, quizás a cuento de que se le fue una minita o de que descendió Banfield, da lo mismo. "El sofá me arrastra a la perdición del hastío", insiste, y lo que quiere decir es que se está aburriendo de rascarse las pelotas. También sale mucho la cita de Bukowski acá.
EL DEMAGOGO: Este tipo de rockstar vendría a ser la pasta base que quedó en el fondo de la lata cuando Jehová creó a Bono. Su perfil es una guía Filcar del carusolombardismo: "gracias San Antonio de Padua, que noche hermosa", seguido de un "inolvidable show en Posadas, que lindos son!", para luego tirar un "increíble lo bien que la pasamos en Caleta Olivia, volvemos pronto!". Es clave en estos casos el retuiteo compulsivo de elogios externos que apoyen la tribuneada.
EL BOHEMIO-LOCO-EXCÉNTRICO: Ese músico contesta hasta la pregunta más siome con una sarta de idioteces ininteligibles para sentirse Rimbaud. Una conversación estándar sería la siguiente:
@carlitos Aldo, ¿cuándo sale el disco?
@aldorockstar El xilofón conciente del insólito devenir románico se posa entre el candor de la molleja.
@carlitos Copado, gracias (?)

Autor: Diego Mancusi
