

Algo que aprendimos revisando la guía telefónica en la letra G es que el rockstarismo no es hereditario. Y así como muchos rockstars tienen hijos no rockstars, otros tantos rockstars tienen padres caretas que practican el vetusto arte de la monogamia, llegando a cometer la atrocidad de tener más de un crío con la misma señora. De ahí que existan los hermanos que, por una lógica cuestión de cercanía geográfica, decidan unir esfuerzos a la hora de meterse en esto de la música. Y de ahí también que existan las bandas solamente integradas por hermanitos explotados por padres rebosantes de rockstarismo que ni siquiera se molestan en agarrar un instrumento: nomás le queman el paty a sus pibes y así se salvan para toda la cosecha. Papá Wilson, te estoy mirando a vos.
Si hablamos de hermanos compartiendo banda hay una palabra que surge instantáneamente: peleas. Ya que siempre mencionamos al cavernícola que golpeaba huesos de mamut para hacer un ritmo pegadizo y sensual en el año del choto, traigamos a colación que incluso en aquellos tiempos inmemoriales cada tanto se le adosaba el único de sus 268 hermanos que no murió en el parto y le hacía palmas, cosa que el primero se tomaba un poco para la mierda porque le restaba protagonismo ante las cavernícolas peludas que estaban ahí buscando a quién curtirse, y así se armaban altas bataholas y toletoles que terminaban con toda la familia con cara de orto ante los ravioles de los domingos. De ahí a los Davies, los Gallagher y los Cerezo, apenas un pasito.
Para ilustrar los inconvenientes que pueden surgir al armar un conjunto musical con tu hermano (dejemos de lado a las hermanas: ya nos ocuparemos de las mujeres que tocan en un futuro post) pasamos a relatarles una breve historia de la vida real, sólo que con los nombres cambiados para no ofender la sensibilidad de Fito Páez, que siempre se impresiona con estas cosas. A saber.
Había una vez dos hermanos, Aldo y Hugo González, que crecían en los suburbios de una ciudad que no era nada parecida a Manchester, más que nada porque era en La Matanza. También tenían otro hermano, pero era gordo y feo y no sabía tocar ni "La cucaracha" en el Casiotone, así que no lo sacaban mucho del altillo. En su adolescencia, Aldo y Hugo compartían la pasión por la música, propulsada por un insano fanatismo por los Ratones Paranoicos que los llevó a tatuarse, uno "fieras" y el otro "lunáticas", para sorpresa de su padre que los cagó a patadas y los mandó a cadetear.
Pero la música pudo más y la banda se armó. Onassis le pusieron de nombre, porque también eran fanáticos del magnate griego (?). Grabaron un disco y, sorpresivamente, vendieron doce millones de copias. Y unos ocho originales.
La vida les sonreía y ambos dormían habitualmente la siesta con gemelas intercambiables como almohadas. Hasta que los resquemores familiares surgieron: Hugo se hizo fan de Stockhausen y Aldo se compró un Regatta tuneado con un sticker que decía "Polarizados Flash". Tras sendos dardos mutuos en la prensa, Onassis pasó a la historia.
Tres meses después se empezó a complicar la reposición de carne de unicornio en la heladera y cada uno se vio forzado a armar su propia banda. Hugo formó Hugo González y los Canarios Drogadictos, mientras que Aldo congregó a unos ex compañeros en Ojo Mocho. Así, Hugo se quedó con el beneplácito de la prensa pero no juntó ni para osobuco, mientras que Aldo no se quedó con el beneplácito de nadie: hasta su hermano gordo y deforme le tiró guano por inútil. El siguiente paso era obvio: acabar con las rencillas y reunirse, cosa que hicieron un martes 32 de augosto en el Estadio Olímpico de La Matanza, ante 350 mil fanáticos enardecidos y tres policías. Lamentablemente justo cayó un OVNI encima del estadio y todos murieron, pero eso ya es otra historia.
¿Qué enseñanza nos deja esto? Cuatro cosas.
1) Que si ya te la mandaste y armaste una banda con tu hermano, de alguna manera siempre pudrila. Después declarás "mi hermano se llama Hugo", la prensa lo tilda de polémico, la gilada dice "uuuuuuh boluuuudo le dijo Huuugo" y vualá: bardo gratis, minas, champagne, felicidad inconmensurable, bailes sepsis.
2) Que si sos el del talento, pudrila pero no mucho, porque no importa que como solistas seas mejor que Bach, Pantera y los Rolling Stones juntos: la gente siempre te va a querer ver con el otro ñato que se parece a vos.
3) Que si no sos el del talento, pudrila pero poquito, porque por ósmosis se te va a pegar un tema decente, quizás un segundo tema medio copante, pero al tercero te va a salir una bofia nauseabunda que te condenará a pobreza perpetua. Siempre dejá la puerta del banco -o sea, tu hermano- abierta.
4) Guarda con el OVNI.

Autor: Diego Mancusi
